Si vis pacem, para bellum (si quieres la paz prepara la guerra). Esta máxima atribuida al escritor romano Vegecio parece que está dando sus frutos en Asia-Pacífico, donde se dirimen dos estrategias geopolíticas que lideran EE.UU. y China. Los últimos acontecimientos en la península de Corea sería uno de ellos; el otro corresponde al Mar de la China en su flanco sur, importante ruta comercial para toda la región que abordaremos en otro artículo.
Los pasos protagonizados por Corea del Norte están avalados por China, incluso antes del encuentro en Pekín entre Xi Jimping y Kim-Jong-un. De la reunión conocemos, por canales oficiales chinos, que se abordaron varios puntos que se resumen en más comunicación, más cooperación y más promoción activa del desarrollo pacífico. El punto de inflexión se produjo el pasado mes de diciembre mediante un giro copernicano de la diplomacia norcoreana, al permitir la participación de sus atletas en los Juegos de Invierno celebrados en la ciudad surcoreana de Pyeongchang.
La firme respuesta de EE.UU. a los alardes nucleares de Corea del Norte desde el 2011, que incluía una contestación norteamericana militar contundente en caso de beligerancia directa, fue un claro aviso no solo a los norcoreanos sino, sobre todo, a China. Y los chinos, sutiles pero pragmáticos, no han tenido más remedio que ceder. Han puesto en práctica aquella máxima atribuida a Deng Xiao Ping: «Qué importa que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones». Dicho de otra manera: «Si no puedes con tu enemigo, únete a él». China ha doblegado a Corea del Norte para que haga un gesto de paz. Eso justifica lo que está pasando.
Hoy, Corea del Sur es una potencia económica mundial, nada que ver con aquel país que tuvo que aceptar (y que firmó EE.UU. como su protector) la tregua con el Norte en 1953, en lo que se conoce como el Paralelo 38. EE.UU. y Corea del Norte siguen, por tanto, en guerra. No conviene olvidarlo. La nuclearización de Corea del Norte y la tolerancia de China ha provocado también el rearme militar de Japón desde la Segunda Guerra Mundial, con el beneplácito de EE.UU. El presupuesto japonés para defensa sube cada año el 2 % de su PIB, en el 2017 sumó unos 40.000 millones de euros.
La diplomacia norteamericana con Corea del Norte también ha cambiado en el último año. De los contactos diplomáticos directos se ha pasado a lo que la cadena norteamericana CBS News ha calificado como «política silenciosa»; es decir, solo hay que utilizar canales secretos. El artífice de este cambio es Mike Pompeo, hasta marzo de este año director de la CIA y actualmente secretario de Estado. Canales secretos significa que hay muchas cosas que desconocemos todavía y solo nos podemos atener a los hechos ya consumados. En esta situación podemos aventurar que todos tienen que ganar con la paz. Corea del Norte terminar su aislamiento en el mundo; Corea del Sur estabilidad fronteriza y reunificación familiar; China da un gran paso en sus relaciones con EE.UU., y EE.UU. afianza su poderío e influencia en la región. Si Kim-jong-un se entrevista con Donald Trump, como está previsto, mucho se habrá avanzado para la paz. Entonces será un triunfo para toda la humanidad.